Un Blog de la Eucaristía en Español. Los autores de este blog son ateos, por lo que su perspectiva quedará reflejada.
El transparente de la Catedral de Toledo: Arte Eucarístico
Published martes, agosto 16, 2005 by Federico Nalda | E-mail this post
I
El arte eucarístico por excelencia, dada la cantidad de obras y el esfuerzo económico que suponía, era, sin lugar a dudas, la música. ¿Qué lugar ocupban las artes visuales?
II
Como se puede leer en el post anterior, el catolicismo mantuvo una dicotomía entre la vista y el oído: la vista tan sólo apreciaría un trozo de pan, mientras que el oído escucharía (y aceptaría) la Palabra de la Iglesia de que ese trozo de pan era el mismísimo Dios infinito y omnipotente. De acuerdo con esa dicotomía vista / oído, la Iglesia daba prioridad a la oratoria sagrada. El papel de la música sería el de “reforzar” esta oratoria moviendo aún más los “afectos” de los creyentes.
III
El nacimiento de la música afectiva se debe al siglo XVI, el mismo siglo del Concilio de Trento. La expresión de afectos se consiguió gracias a la imitación de la palabra hablada y algunos “trucos” nuevos. La imitación de la palabra hablada en música se dio, sobre todo, gracias al respeto de la acentuación y del ritmo hablado. Y entre los nuevos trucos que adquirieron los músicos para dotar de “afectos” a la música, las disonancias (incluidos los retardos) y el establecimiento la tonalidad mayor / menor son de los más importantes.
IV
Los músicos españoles despreciaban la música instrumental de corte italiano en la iglesia. Decían que era música hecha para “agradar al oído” tan sólo, ya que no movían al cristiano a creer en algo como la presencia de Cristo en la hostia consagrada. De acuerdo con esto, prescribieron las largas introducciones orquestales en los Villancicos y Cantadas. Francisco Valls llegó a aconsejar que los temas de estas introducciones orquestales fueran los mismos que los temas vocales. Vemos, por tanto, que sí se reconocía, de alguna manera, que el oído pudiera escuchar algo meramente sensible. Desde el punto de vista eucarístico al menos, la música instrumental tenía, pues, el mismo status que las meras artes visuales.
V
La representación de un trozo de pan no podía “mover” a nadie a creer en Jesucristo sacramentado. No se trataría más que de la imitación, más o menos bella, de un objeto comestible. Las artes visuales, por tanto, si han de ser arte eucarístico, han de invitar al católico ir “más allá” de lo visible. Esta intención queda plasmada de manera evidente en el llamado Transparente de la Catedral de Toledo, obra de Narciso Tomé.
VI
El Transparente de la Catedral de Toledo es una obra impresionante de 30 metros de alto, situada en la parte trasera del altar mayor de Toledo. Frente al altar integrado en la obra se encuentra una ventana por la que el sol entra e ilumina la “Gloria” u hostia consagrada. Encima se encuentra un grupo escultórico que representa la Última Cena, y una inscripción en el techo cita el Apocalipsis: el Transparente es una “puerta al cielo” detrás de la cual se encuentra el trono de Dios.
VII
Por nuestra parte, negaríamos que consiga su propósito o intención, sencillamente porque
la vista no se queda en algo así como los “sense data” de que hablaban los empíricos y no tiene necesidad, por tanto, de trascenderlos. El cristiano puede “ver” a Cristo en un trozo de pan como nosotros podemos ver un ordenador portátil en una mera figura geométrica (nos podríamos preguntar qué vería un aborigen primitivo al enseñarle un portátil). Lo que sí conseguiría es rodear al misterio de la Eucaristía de un halo de misterio e irrealidad, lo mismo que la música en sus mejores momentos. Es decir, puede conmover a débiles mentales y seres sensibles.
VIII
Quedaría abierto el problema de la representación en la Eucaristía. En el Transparente de la Catedral de Toledo no habría representación de Cristo Sacramentado, pues la obra integra un altar y un sagrario donde introducir la hostia consagrada. Establecido que la dicotomía no se da entre la vista y el oído, sino entre la vista con fe y la vista sin ella, el problema es: ¿qué vería un católico creyente ante una representación de un trozo de pan?; ¿vería la representación de Cristo o vería tan sólo la representación de un trozo de pan? Mi respuesta es que vería tan sólo esto último. Para ver a Cristo en la hostia consagrada es preciso todo un ritual de consagración ajeno al ver. El católico creyente ve un trozo de pan antes de las palabras de la consagración, y ve a Cristo Sacramentado después de las palabras del sacerdote. Entonces, para ver una representación de la Eucaristía (de Cristo Sacramentado), el creyente ha de saber si el objeto original que se representa ha sido consagrado. Así pues, no basta la vista sola, sino que es necesario algún tipo de conocimiento sobre el objeto original. Ahora bien, este conocimiento la mayoría de los casos no se da. Aún más, nos atreveríamos a decir que en el 100 % de los casos el trozo de pan representado no ha sido consagrado.
VIII
Creo que estas razones pesaron mucho para limitar la representación de la eucaristía en el catolicismo Tridentino. La solución más brillante sería integrar la misma hostia consagrada en la obra de arte, como sucede en el Transparente de la Catedral de Toledo. Las cosas son muy distintas ahora, en el catolicismo del Vaticano II. Ahora proliferan las representaciones de un cáliz y una hogaza de pan, como puede apreciarse en los dibujos con que adorno mis post. ¿A qué fenómeno será debido esto? De acuerdo con la protestización de la Iglesia Católica en el Vaticano II, puede ser que ya no se crea tanto en la fuerza de las palabras de la consagración, y se centren mucho más en la “visión individual”. Un católico tridentino no podía “ver a” Cristo en la representación de un pan porque ignoraba, o sospechaba con fundamento, que ningún sacerdote había pronunciado en ceremonia las palabras de consagración. Hoy en día, un creyente con suficiente fe quizás le basta ver dibujados un pan y una copa (que ni siquiera sabe si es de vino) para ver una representación de la eucaristía.
Un administrador del blog ha eliminado esta entrada.
La música siempre toca el lado afectivo del ser humano, pudiendo promover infinidad de sentimientos o estados de ánimo. No la considero base de la fe ni del vulgo ni de los teólogos, pero creo que en ambos grupos empuja durante la eucaristía a que el "espíritu" se eleve o acerque a las excelsas cualidades atribuidas a ese Dios católico y o al supuesto bienestar de los habitantes de ese cielo paradisíaco.
Como dije, el papel de la "música sagrada" en el cristianismo católico me recuerda al papel de la música en las bandas sonoras, especialmente en las películas de terror. Los realizadores y autores cinematográficos saben muy bien que es el oído, y no la vista, el sentido que produce los efectos de mayor susto y terror en el espectador. Por lo que la música, en el cine de terror, vendría a jugar un papel análogo al de la música como parte de la oratoria sagrada: es la retórica que persuade y "conmueve a seres sensibles y débiles mentales".
Esta concepción de la "música sagrada" como música afectiva en cuanto apoyo de la oratoria sagrada desde luego permite descartar que la música pueda ser ella misma "substancia" de la religión (cristiana). Y ésto ante la teoría extravagante de aquel profesor deustense, según la cual el cristianismo sería incomprensible sin la pasión según san Mateo de Bach. Porque el lugar de la "verdad" de la religión católica habría que ponerla, no desde luego en la música sagrada, sino en el contenido dogmático y filosófico tal como cristaliza en los diferentes concilios. El cristiano debe "saber" lo que es Dios (como diría Hegel), y no meramente conjeturarlo, o conecerlo mediante una expresión estética inferior, sino a través del pensamiento y el dogma. Aunque es cierto que este criterio obliga a replantear la distinción entre el cristianismo de los teólogos y los filósofos y el cristianismo popular, del vulgo al cual "asustaría" la música sagrada.
Otra cuestión es como la "estetización" del arte sagrado, y del arte en general, en la medida en que es posible una "mirada estética" sobre las obras, pueda eclipsar, en la época moderna, la ligazón entre música (y arte) y dogma (religión). Esta es la diferencia entre el gusto del esteta y la fruición "asustada" del creyente. En tal caso es evidente que la pasión según san Mateo o el transparente de la catedral de Toledo podrían ser contemplados con "mirada estética", en tanto estas obras no expresarían "afectos eucarísticos", sino la excelencia del "estilo barroco"; y tampoco expresaría contenidos dogmáticos o conciliares de la Iglesia católica, sino más bien la madurez "artística" de la humanidad encarnada en sus genios-artistas.
En fín, dejo para otro momento otras cuestiones cojonudas.
Doctor Exhalante