Un Blog de la Eucaristía en Español. Los autores de este blog son ateos, por lo que su perspectiva quedará reflejada.



La Fiesta del Corpus en el s. XVII


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I

En la fiesta del Corpus se sacaba por las calles a Jesús Sacramentado. La fiesta actual es muy distinta a la que tradicionalmente se ha celebrado en España, aunque en ciertos lugares se ha conservado en todo su color. Para ilustrar cómo era esta fiesta, he escogido un texto del libro de Antonio Regalado
Calderón, los orígenes de la modernidad en la España del Siglo de Oro, tomo II, páginas 133-135.

II

"La procesión del Corpus serpenteaba por las calles y plazas de la villa imantando a los niños desamparados y a los de la doctrina, a los hermanos de las cofradías, a los caballeros de las órdenes militares, a los clérigos de las parroquias y a los frailes, sin excluir las corporaciones municipales, los consejos del reino, los grandes de España y al mismo rey, que a pie acompañaba al Santísimo. Se avanzaba al compás de diferentes músicas y entre pendones, estandartes, cruces e incensarios, con el variopinto colorido de trajes y hábitos, el pardo de los niños desamparados, las blancas mortajas de los cofrades, lo sobrio de los hábitos ya sencillos o graves de los frailes, las sobrepellices de los canónigos, las blancas casullas de los clérigos oficiantes, los rojos y morados de las jerarquías, los negros de los hidalgos y caballeros y los colores más chillones de las guardias reales de arqueros española y alemana.

A la cabeza de la procesión, atabales y trompetas con el “mojigón” o “botarga”, hombre enmascarado que fustigaba a los espectadores con una vara armada de vejigas; algo más atrás, la “tarasca”, serpiente sobre ruedas de siete metros de largo que se agitaba manipulada desde dentro, asustando a niños y patanes y, a veces, arrancando sombreros de las cabezas de los incautos. Sobre las ancas del monstruo una figura de mujer, la “tarasquilla”, representación de una meretriz en correspondencia con los múltiples senos de la serpiente que cabalgaba. Una viajero francés del s. XVII describía así la tarasca: “es una serpiente sobre ruedas, en forma de mujer, de un tamaño enorme, de un cuerpo lleno de escamas, de un vientre horrible, de una ancha cola, con pies cortos, uñas ganchudas, ojos espantables y boca abierta de la que salen tres lenguas y dientes puntiagudos”. La explicación erudita de Juan de Zabaleta (en El día de fiesta por la mañana) es que se trata de "la serpiente que venció Cristo en la cruz y que va como vencida en el triunfo".

Mucho antes que el rey han pasado los gigantones y el cabezudo, a este último Brunel lo describe como “una gruesa cabeza pintada y figurada, aplicada a la de un hombrecillo, que le da el compás y movimiento, y de ese modo no parece sino la de un coloso sobre el cuerpo de un pigmeo”. Zabaleta, en búsqueda de sacros significados, escribe que “los gigantones van en la procesión danzando en señal de que todo se rinde al verdadero Dios”, explicación que corresponde a la actividad de estas figuras que en ocasiones danzaban en señal de sumisión ante el Santísimo, lo que no siempre parecía a todos reverente".

III

Me gustaría subrayar del texto dos cosas estrechamente relacionadas: el populismo del catolicismo y su rechazo del intelectualismo exagerado. Al recurrir a símbolos tan externos como son los gigantes, cabezudos, danzas, tarascas y tarasquillas, el catolicismo exigía a los "sofisticados" que se sometieran a los gustos del vulgo. Muchos frailes y curas se escandalizaban ante tales espectáculos como la fiesta del Corpus. ¿Cómo unos cabezudos que se dedicaban a dar golpes a la gente, entre la risa general, podían servir de "culto" a Dios? Sin embargo, Dios era el dios del vulgo y el sometimiento a los símbolos del vulgo se veía como la humillación de la razón ante Dios. El protestantismo, como religión en principio "más racional" (aunque luego Lutero calificara a la razón como "ramera"), despreció siempre los símbolos populares. Tan sólo aceptó, mínimamente, aquellos que tuvieran que ver con la Biblia. Era absurdo, e indigno, que Dios hablara a través de gigantes y cabezudos. Dios habló a través de la Biblia. Es el pueblo - ignorante, por analfabeto, de lo que dice la Biblia - el que debe someterse a los símbolos bíblicos que una casta de pastores y predicadores le propone. El Racionalismo aplicado a la religión cristiana derivó o bien hacia el deísmo o bien hacia el fideísmo. Las "pruebas" (si así se las puede llamar) tradicionales acerca de la existencia de Dios conducían al Dios de la onto-teo-logía: un Dios fundamento del ser, primer motor inmóvil, etc. Éste era el Dios de los deístas, que volvían la espalda a la revelación (¿cómo ese Dios se iba a revelar a los hombres a través de un libro?) y a todos los símbolos e imágenes populares del cristianismo. El protestantismo no aceptó el rechazo de los deístas a la Revelación. Su versión más "sofisticada" del cristianismo convertía a Dios en el fundamento más allá de todo, infinito, omnipotente, etc. En esta caracterización muchos deístas podrían convenir. Mas precisamente por ser "omnipotente" (Dios todo lo puede), Dios podría haberse revelado a través de la Biblia. No podemos conocer a este Dios escondido por nosotros mismos, al estar más allá de nuestra sensibilidad, voluntad y entendimiento, mas Él, graciosamente, se ha dignado a hablarnos de sí mismo. La Biblia, por tanto, es la única fuente de conocimiento de Dios. Y nuestro entendimiento no sería capaz de juzgar el contenido del Libro Sagrado. He aquí, por tanto, la derivación fideísta
del protestantismo. Deísmo y fideísmo coinciden en su rechazo al simbolismo popular y, en este punto, se oponen frontalmente al catolicismo barroco español. El catolicismo barroco, rico en símbolos, hospedó generosamente la religiosidad popular, cercana al politeísmo. Por ello el protestantismo acusó siempre al catolicismo de paganismo.


1 Responses to “La Fiesta del Corpus en el s. XVII”

  1. Blogger Baruch 

    Me hace gracia el post, precisamente en el día en que conocíamos la noticia sobre la "rebelión" en Fuente el Saz (Madrid) para defender la "costumbre" popular de quemar fogatas al paso de la Virgen de la Ciguiñuela...

    En el caso de Fuente el Saz, las autoridades se han opuesto a la "costumbre católica" por motivos ecológicos, pues se vulnera la ley de fuegos. La ilustración atea aquí no tienen nada que ver.

    Aunque es preferible, desde luego, el ludismo católico al frío irracionalismo luterano (¡la puta razón!)...me vienen "a la mente" unas sapientísimas palabras de Felipe G:

    "¿Por qué no se puede vivir tranquilo y feliz en el ateísmo, en la impiedad? ¿Por qué es más fácil creer en la superstición que vivir en la irreligiosidad? ¿Por qué esa necesidad de mentira, del autoengaño? Si el hombre necesita de la mentira, de la impostura, del mito, de la ideología, entonces la batalla y la guerra están perdidas. Si la ilustración es posible y si mediante la propaganda antirreligiosa se puede ayudar a unos cuantos desdichados a abandonar esas ridículas supersticiones, entonces adelante."

    Salud

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